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2018-02-13    12:04:12

Mexicano montó negocio en Sochi, y ahí quiere quedarse

Moscú, 13 Feb (Notimex/Sputnik).- Pablo Rincón nació en México, estudió en Suiza donde conoció a su futura esposa, Alina, para después mudarse con ella a Sochi, Rusia, donde está enfrascado en su propio proyecto hotelero y en educar a sus dos hijos, con intención de quedarse.

Cuando Pablo tenía 11 años su familia se mudó a la turística ciudad de Cancún, a orillas del mar Caribe. Fue en allí donde se dio cuenta de lo que quería hacer con su vida.

"Nos mudamos allí a vivir. Mi familia tenía su propio hotel, con 440 habitaciones, y fue entonces cuando me topé con el negocio turístico, que acabó convirtiéndose en el aspecto más importante de mi vida. Me di cuenta de a lo que me quería dedicar. Así decidí convertirme en hotelero", explicó a Sputnik.

Cuando acabó la escuela, sus padres le enviaron a estudiar a Suiza, donde conoció a Alina, quien también se había mudado, de Sochi a Suiza. La ciudad rusa está a orillas del Mar Negro, a unos mil 400 kilómetros al sur de Moscú.

Cuando este mexicano terminó allí sus estudios, invitó a Alina a Cancún, donde se casaron y abrieron una panadería.

Sin embargo, en Cancún no hay nieve y, tal como explica Pablo, echaba de menos los parajes nevados.

Así que, en 2014 la pareja decidió mudarse a la localidad de Krásnaya Poliana, a 40 kilómetros al este de Sochi. En aquel momento se celebraban allí los Juegos de Invierno, recordó Pablo.

También añadió que a su esposa le daba un poco de vergüenza que su pareja no hablase ruso, pero él respondió que lo aprendería.

En 2007 Pablo pisó Sochi para conocer a la familia de Alina.

"Nos recibieron con los brazos abiertos, como si estuviese en casa, y me di cuenta al instante de que esta era mi familia", rememoró el mexicano.

"Nuestras culturas, la rusa y la mexicana, se parecen mucho. Tenemos muchas cosas en común, aseguró.

Explicó que “muchos de los platos de la cocina rusa son para mí de lo más corrientes y me gustan. Incluso el 'kvas' casero —una bebida elaborada a base de pan de centeno, malta y frutas—".

"Al principio no entendía cómo podía haber una bebida hecha a base de pan, pero ahora me gusta. Sobre todo en verano, cuando hace calor". Ahora, contó Pablo, incluso le pide a su suegra que se lo prepare con pan negro.

"En Rusia están al alcance de la mano todos los ingredientes necesarios para muchos de los platos de la cocina mexicana, como las quesadillas", explicó.

Pablo destacó que en Sochi se vive bien si se compara con México. "Cuando has trabajado un año, en México te dan una semana de vacaciones. Cuando me mudé, me sorprendió que aquí tengas derecho a un mes. ¡Es genial! Y encima te lo pagan".

Cuando llegó a Rusia, le sorprendieron las fiestas del 9 de mayo, cuando se conmemora la victoria de los soviéticos contra los nazis.

"En México no hubo guerra, así que no celebramos ese día", pronto entendió qué es lo que se conmemoraba y se dio cuenta de las dimensiones de la guerra y del número de víctimas.

"El resto de fiestas rusas también me gustan. La verdad es que se celebran muchas cosas. Mis hijos tienen el 25 de diciembre, Navidad, más Año Nuevo, más la Navidad ortodoxa —el 7 de enero— y además el Año Nuevo Viejo —una fiesta religiosa ortodoxa que se celebra el 13 de enero—.

Tras volver a Sochi de Suiza, Pablo decidió iniciar un proyecto de ecopueblo: un complejo urbanístico que estuviese comprometido con el medioambiente, con sus habitantes, y en el que se diese prioridad a la tranquilidad y al descanso.

Reconoce que en Sochi no existe ningún proyecto de este tipo, pero que en el mundo hay muchos. Así que en 2017 la idea empezó a materializarse.

"Nuestro ecopueblo es ideal para quienes buscan silencio y tranquilidad, aunque eso no significa que vayamos a separar a la gente de la tecnología: habrá Internet y nuestros huéspedes podrían ir de excursión, de compras, ir al gimnasio”, explicó.

“Todos nuestros programas dependen de la estación y se desarrollan en plena naturaleza", aunque advirtió que en Rusia la gente quiere "ganar dinero rápido y ahorrar rápido" lo que resulta un impedimento a la hora de abrir un negocio.

Rusia le gustó a Pablo desde el primer día; cuando llegó, dio clases de español a un empresario y le confió lo mucho que le agradaba Rusia. A lo que el empresario le respondió: "solo vives aquí desde hace un año. Espera a vivir aquí cinco años y ya verás cómo te arrepientes".

Sin embargo, Pablo reconoció que nunca hubiese imaginado que acabaría viviendo en Rusia y no puede asegurar que pasará toda su vida en el país, pero tiene claro que, si le diesen a elegir dónde vivir, elegiría Sochi.

"Aquí me gusta todo lo que hay", afirma el mexicano.




NTX/I/AGI/LMV/TURISMO15